Todos somos guapos cuando nos besan

Esta mañana he brujuleado por la web de GQ y he encontrado este tesoro en una de mis secciones preferidas: #TrendingTopic. La directora Tatia Pilieva, ha reunido a veinte desconocidos en torno a su objetivo para retratar cómo se fragua un primer beso, ese que imaginamos cuando vamos alejándonos con paso firme de la casilla de salida en el transcurso de una cita perfecta, después de cruzar miradas cómplices en el metro con algún desconocido que susurra la banda sonora al vagón a pesar de sus enormes cascos y nos sigue el juego, o el más tentador, el que idealizas antes de rendirte al sueño cuando no eres correspondido.

Lo reconozco, he visto varias veces el vídeo, sé lo que vuestras retorcidas cabecitas están pensando y no, mi neurosis no me ha llevado a analizar cada gesto con gélida percepción para perfeccionar la técnica -a los ávidos de escenas tórridas y nuevos trucos os adelanto que no encontraréis grandes hallazgos en este ámbito- esto no es ‘Masters of Sex’ ni un documental de cortejo entre pavos reales, pero merece la pena dejarse llevar por la emoción.

Al contrario de lo que pueda parecer tampoco soy ninguna cursi sensiblona que se recrea con el romanticismo edulcorado, con el segundo visionado solo quería comprobar lo que en un primer vistazo me sugirieron los veinte conejillos de indias que se han sometido al experimento: es curioso como todos los que intercambian mordiscos durante los tres minutos de ‘First kiss’ se vuelven más atractivos cuando se besan. 

Algunos se deshacen de ternura ante la primera caricia, otros exhalan sex appeal nada más rozarse con la nariz; ellas casi siempre sonríen ante lo inminente, a ellos les delata el deseo en las pupilas. Algunos se desnudan con las manos entre abrazos y magreos furtivos, otros lo hacen prácticamente sin tocarse, con los ojos cerrados; muchos no volverán a verse y, sin embargo, por unos instantes, no son capaces de desengancharse, los hay que tiritan de nervios, sus besos son temblorosos y fugaces, los hay tímidos, dulces, pero también encontraréis lentos y apasionados, intensos y decididos, y algún ejemplar de esa rara avis cuya calma incólume resulta irresistible, el que la posee es conocedor de su virtud… En el desenlace ellos sostienen la mirada ante el rubor femenino -ya ha sucedido- me llama la atención como entre ellos y entre ellas parece más fácil, más natural.

En cualquier caso, lo que es innegable es que todos están aún más guapos cuando besan y son besados.

Quizá si nos viéramos así de seductores, irradiando feromonas, seguros de nosotros mismos… Si supiéramos que la química va a hacer su trabajo, que nuestros chistes surtirán efecto, que cuando nos fundimos en un primer beso, pequeño o hollywoodiense, nuestro atractivo se eleva a la enésima potencia y las posibilidades al séptimo cielo… No tendríamos tantas dudas ni esperaríamos tanto para un primer beso.

Quizá, sencillamente, deberíamos dejar de imaginar y besarnos más joder.

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