Algo pasa con Tinder. Toda la verdad.

Crazy, Stupid, Love.

Tengo la desgracia de tener amigos guapos y amigas guapérrimas, unos ligan más que otros pero se defienden bastante bien. No entiendo lo de Tinder, en serio, no lo entiendo.

La primera vez que me lo comentó una de mis amigas guapérrimas, llamémosla Lady Madrid, puse el grito en el cielo, lo primero que pensé es, enhorabuena Maggie, el ligar se va a acabar, el ligar de forma tradicional quiero decir.  ¿Qué tío va a hacer el esfuerzo de emborracharse y emborracharte para mantener una conversación lo suficientemente divertida e inteligente para que le des tu número de teléfono pudiendo hacer un casting con un ‘OK next round’ con antelación? Ninguno. Se ahorran los chistes, se ahorran las copas… -¿En tu casa o en la mía? -En la mía que estoy solo. #FinDeLaCita.

Crazy, Stupid, Love.

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Después de que Lady Madrid no me convenciera en aquel bar de mala muerte para descargarme la dichosa app, quedé con otros guapos a comer en el hindú de la Calle Belén y plantarle cara a mi resaca con varios cafés en Whitby. Antes de que me trajeran el primer espresso uno de mis amigos más guapos ya tenía el móvil en la mano, llamémosle Jim Stark:  -Va a sonarte fatal lo que voy a decir, pero ayer me tiré una tía y me acordé un huevo de ti. -Vaya… ¿Gracias? – No me malinterpretes, muy mona, trabaja en (revista de moda) como tú, la conocí en Tinder. -Es cierto, muy mona, espera… ¿Qué demonios haces en esa mierda? -¡Qué dices! ¡Esto es la hostia! Hoy he quedado con tres chicas. Mirada hater. -¿Tres fucking citas? -Tengo un huevo de match. 

Maggie ¿Cuántas citas has tenido en lo que va de 2014? Durante los últimos dos meses he sobrevivido a varias madrugadas en la redacción, he visto decenas de desfiles, recorrido Madrid de punta a punta en unos 50 taxis, he hecho unas mil fotos y publicado cientos de tweets ¿citas? 0. Y mi querido amigo Jim Stark al que como a 007 le rompieron el corazón ‘Desde Rusia y con amor, después de haber padecido una tormentosa relación y más traumática ruptura tenía, en una única tarde, tres citas con dos hipsters bellas -¡Y una francesa! como él mismo apuntó con la vehemencia que le caracteriza.

-¿Dónde quieres ligar tú? ¿Cuándo fue la última vez que conociste a alguien que mereciera la pena? Maggie desengáñate, la gente no liga en los bares, ni en el metro, ya no. La gente liga en la Red. Después de un intenso debate acerca de las bondades y el daño que han hecho las redes sociales en las relaciones sentimentales y la realidad no virtual, todos los guapos que había abrazando aquella mesa en la terraza de la calle Almagro coincidieron en que no tenía otra salida. Tenía que probar Tinder. La carne es débil y yo soy una entusiasta así que no solo me bajé la aplicación sino que me comprometí a permanecer activa durante 21 días, el tiempo que La Psicóloga me recomendó para consolidar el hábito y desenvolverme con maestría.

Hace un par de semanas descargué la app, y esperé a encontrar algún tío que pareciera normal. Después de varios minutos ya tenía el desliz hacia la izquierda casi automatizado ¿mi criterio Tinder? Nada de tíos semidesnudos, ni posibles candidatos a MyHyV. Duda existencial: ¿pero cuántos tíos practican surf en este planeta? Nada de fotos en las que no les veo la cara, necesitaré identificarles en la rueda de reconocimiento, y  descartados los que ponen frases de Paulo Coelho en la biografía. Bien.

Después de los filtros, lo cierto es que no me encontré a gente ni muy fea ni muy rara, aquello me sorprendía pero respondía al testimonio de mis amigos embaucadores, los guapos y listos de mis amigos que me habían invitado a probar suerte porque sus exitosas experiencias les avalaban. El novio de mi mejor amiga fue definitivo, me dijo con clarividencia -Maggie ¿qué es lo peor que te puede pasar? Me interrumpió antes de que pudiera responderle, se me ocurrían toda una ristra de momentos edredón. -¿Que el tío no te guste y después de una cerveza no vuelvas a verle? A mis colegas les ha pasado y #FinDeLaCita. Tiene razón, pensé.

Así que invoqué a la Maggie más intrépida y misericordiosa y comencé a observar con detenimiento las fotos de los tíos que me parecían normales y a aceptarlas, no sin antes intercambiar screenshots con mis amigos por whatsapp. Divertido, lo reconozco.

Los matches comenzaron a proliferar, y Lady Madrid que ya estaba ducha en la materia me dio las instrucciones definitivas para sobrevivir en la jungla -Maggie te hablarán los tíos no te preocupes, hay algunos que van a saco, tú no te asustes, bloqueas y listo. Así fue.

Hasta aquí todo bien, salvo el cruce con algún ‘amigo de amigo’ y algún compañero de trabajo por el que casi palmo de vergüenza, lo pienso y me dan escalofríos, el caso es que algunos de los tíos que intuía normales trataban de romper el hielo y empezar una conversación coloquial con frases graciosas que en otro contexto habrían dado resultado pero lo cierto es que… No he sido capaz de mediar palabra.

¿Por qué demonios no puedo? Consigo escribir posts de 500 palabras, la dialéctica no se me da del todo mal ¿es por la ausencia de alcohol? Nota mental: entrar en la aplicación tajada para comprobar si desinhibida soy más pro Tinder.

No puedo. No puedo y no quiero y lo peor es que no entiendo como pude pensar que podría. Y no es por esos esquiadores pijos ni los que aparecen navegando como si fueran el Capitán Merrill Stubing de ‘Vacaciones en el mar’, siguiente duda existencial: ¿quién no tiene un barco en esta republica bananera? Tampoco me desquito por lo sospechosos que me resultan los que cuelgan muchas fotos con un millón de amigos para que no puedas identificarles ¿de verdad creen que si estoy en esta mierdita es porque tengo tiempo libre para jugar a buscando a Wally? Ni siquiera es por los que se hacen selfies en el baño o en sus horriblemente decorados apartamentos, ni por los que llevan camisetas sin mangas que solo de pensarlo me dan NÁUSEAS, es que, sencillamente, ligar por Internet no está hecho para mí.

Tengo tantos prejuicios acerca del ciberligoteo que prefiero autocompadecerme en casa viendo ‘Tienes un e-mail’ que volver a programar mi radar geolocalizador y confirmar mi margen de edad aceptable en puTinder para comprobar que en 10 días tendré la edad del R&R y que me hago vieja. Ya tengo una jodida cana…

Basta. Soy old school. No puedo ni quiero luchar contra eso. Así que el que quiera ligar que me dedique un estado en MSN. Ese es mi paradigma 2.0, con emoticonos y alguna de esas canciones concebidas para ligar.

P.D. Salvo que alguien me garantice una cita como esta… Entonces sí.

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8 comentarios en “Algo pasa con Tinder. Toda la verdad.

  1. Es lo que suele pasar cuando una mujer como tú cree poder encontrar en un sitio como ese a alguien que tenga algo de Ryan Gosling o Alex Turner o Paul Newman. Una pena que lo de ligar invitando a la primera copa (no a todas, hay que dar algo más de juego) esté practicamente en desuso, se me daba bastante bien. Anyways, nice post;) Jorge

    • Estimado Jorge, he de reconocer que tengo serios problemas a la hora de frenar mis expectativas, ahora bien, le puedo asegurar que en este caso he hecho todo lo posible por dejarme llevar y dar rienda suelta al ‘LIKED’ con premeditación y mucha generosidad, pero como bien dice sin ningún éxito. Respecto a lo de ligar en modo tradicional, tiene usted todo mi apoyo, propongo oficialmente un throwback al tonteo alrededor de una barra, y acepto lo de que cada uno se pague sus elixires -maldito precio el de la igualdad-. Cuente conmigo par ahacer del #RetroLigoteo TT. Maggie.
      P.D. Yo ni siquiera sé que tipo de mujer soy, usted parece saberlo, pero me da miedo preguntar porque parece usted muy perspicaz.

  2. Hola,

    Lo cierto es que no puedo estar mas de acuerdo. El año pasado actualizaron mi estado sentimental de emparejado/comodo/tranquilo a soltero/vuelta al mercado/otra vez al ruedo, y he de reconocer que tras varios (7) años me veo en la imperiosa necesidad de volver al terreno de juego, a mis 32! A mi nunca se me dio bien el tonteo/ligoteo en el que tan duchos he visto siempre a amigos mios, pero al menos cuando entablaba una conversacion lo suficientemente divertida como para mantener vivo el interes realmente inocente, al final terminaba por darme cuenta de que ese interes giraba hacia algo que se conocia como ligar, y yo sin darme cuenta. Tal es mi torpeza y que ahora mismo todo el mundo esta con el dichoso tinder que me pregunto si sere yo el unico raro, casposo, y tradicional que lo ve como un mero meecadeo de carne. Ojo que no lo critico para el q busque estrictamente eso y no tenga inconveniente ?”etico”? (Aunque visto el arte que es ligar pienso q es mucho mas aburrido y facilon) Pero por mas que lo pienso… no me termino yo de ver ahi al lio tecno-kiki, y eso q soy torpe ligando como un elefante en una cacharreria! Pero bueno, mientras a dia de hoy mi impuesto celibato no devore mi etica, tratare de evitarlo y mantenerme en “las amigas de mis amig@s DEBEN ser mis amigas”. He dicho

    • ¡Pero cómo se me podía haber pasado este comentario! JAJAJA Me encanta ese mantra de “las amigas de mis amigas deben ser mis amigas” lo que ocurre es que a veces tengo la sensación de estar dando vueltas a la misma y puñetera rotonda todo el rato ¿no te parece? He de reconocer que lo he vuelto a intentar porque ya hay, no solo romances, sino para mayor humillación, bodas Tinder… Pero definitivamente… No es lo mío. Mucho ánimo!! Volvamos a los bares 😉

  3. Hola. Me ha gustado tu post. Quisiera saber si alguien me puede aclarar una duda. Soy treintañero solterísimo, el tema del ligoteo ha sido siempre uno de mis puntos flojos (sencillamente, no se me da, no nací para ello). Cada vez lo veo más difícil, por cierto. Llevo unos cuantos días usando Tinder, he tenido cinco o seis matches y siempre ha ocurrido lo mismo: me he hecho pasar por un tipo agradable y educado ;-), no he ido para nada a saco, he conversado, me he interesado por su estado e intereses, las chicas se han reído de vez en cuando (dicen que eso no es mala señal), pero cuando al día siguiente he querido retomar el contacto y continuar con el chateo, ninguna me ha vuelto a responder.

    ¿Es que Tinder tiene un límite de mensajes para los usuarios que no son de pago y una vez sobrepasado el límite ya no llegan a tu interlocutor los nuevos mensajes que envías, o simplemente debería haber intentado conseguir la cita desde el minuto uno? El cerebro femenino es algo que dista mucho de mi comprensión, porque lo mismo te dicen que “todos los tíos sois iguales” que te están pidiendo más caña de la que les das. Soy un inútil, lo reconozco.

    ¿Tengo que hacerme usuario de pago de Tinder para asegurarme de que llegan todos mis mensajes? Os juro que ni de coña he dicho o hecho nada para que me bloqueen… Otra cosa no tendré, pero creo que sé estar en mi sitio y respetar. Es más, incluso he intentado enviar cosas que hago, para que vean a qué me dedico, por cualquier medio antes que pedirles el número de whatsapp, simplemente para que no pareciera un intento descarado y desesperado de que me dieran su número… A lo mejor ahí está el fallo: “hey, give me your phone number. Now!”

    Sobrepasa mi intelecto y mi imaginación.

    • Estimado Francisco, en primer lugar, bienvenido a Tinder, y bienvenido a mi mundo: yo tampoco entiendo el ciberligoteo y sus complejas dinámicas. Lamentablemente, me temo que esas señoritas que no contestan a sus mensajes, saben lo que hacen; incomprensible, injusto, lo sé, porque si ha sido usted sincero y es divertido, amable y respetuoso en el trato, la cosa debería funcionar y progresar adecuadamente… Pero lo cierto es que los caminos de Tinder son inescrutables y como nunca se sabe lo que hay al otro lado, yo lo que le recomendaría es que no se rinda, nada de game over. Siga jugando ¡pero! No escriba usted al día siguiente. Déjele el testigo a ella. Hágase el interesante. No puedo explicarle por qué somos así de imbéciles, pero suele funcionar. A ver qué pasa 😉

      • ¡Gracias por la pronta respuesta! Tendré en cuenta el consejo, aunque tampoco tengo mucha fe en que funcione demasiado 🙂

  4. Guarda menos relación con Tinder, pero si me lo permitís os puedo contar una experiencia reciente.
    Hará un par de meses, un amigo mío (ingeniero de una conocida marca de coches) se fue de viaje con su jefa, iban a visitar una fábrica de la marca en otro país (cuestiones de control de calidad). Aprovechando que la jefa está soltera y tiene mi edad, mi amigo le dijo: “tengo un colega que me gusta para ti” y le enseñó una foto mía en el móvil. Entonces, me manda un whatsapp: “le he enseñado a mi jefa una foto tuya y dice que eres mono, pero no de los árboles”. Hasta ahí, bien. Pero poco después me manda otro whatsapp: “ahí tienes su número, no hay ‘güevos’ de ligársela”. Contesto: “normalmente soy bastante tímido para estas cosas, pero como buen andaluz, si me dices ‘no hay güevos’, me tiro de cabeza y lo hago” (si te dicen “no hay ‘güevos’ y tú no haces caso, ni eres andaluz ni ‘na’). Contacto con la moza en cuestión, empezamos a chatear vía whatsapp y parece haber receptividad e incluso cierto feeling. Quedamos para vernos en persona justo cuando vuelven del viaje. Ahí se acabó todo. En cuanto la vi y la escuché hablar, mi pensamiento fue: “esta hembra no es para mí ni yo soy para ella”. Mi impresión del minuto uno fue: “no pegamos ni con cola”. No sé lo que pensó ella en el minuto uno, pero no debió de tardar mucho más en darse cuenta de lo mismo. En cuanto nos sentamos a tomar algo… unos silencios, unas miradas para otro lado sin saber lo que buscaba, una falta de interés, unos repiqueteos de dedos en el vaso (signo de aburrimiento)… Nada en común. entre silencio y silencio, yo me esforzaba al menos por tratar de sacar alguna conversación, pero me costaba, a ella le costaba un poco menos, pero se notaba que no le interesaba nada de lo que yo le pudiera decir. Le di, por cierto, un regalo que le llevaba (relacionado con algo de lo que habíamos hablado antes por whatsapp). Y poco más puedo contar. Allí aguantamos ambos tres horas, como unos campeones, más que nada por educación, supongo. Paseamos por la ciudad, si me preguntaba algo (supongo que por compromiso) y yo trataba de explicarle, de repente aparecía otro estímulo al que prestarle atención y ella miraba para otro lado, yo no continuaba con mi charla, cosa que tampoco parecía importar demasiado (lo que viene siendo un fracaso de cita).

    Moraleja: si funciona por chat, no tiene por qué funcionar necesariamente en persona.

    Curiosamente, cuando “me apunté” a Tinder, la foto de esta persona fue una de las primeras que me aparecieron.

    The truth is out there…

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