Verano azul

Esta mañana haciendo zapping he descubierto que en La 2 vuelven a poner Verano Azul, ¿previsible? Sí, es la 2 qué esperabais, pero reconfortante, como zambullirse en una piscina cristalina y perder la noción del tiempo durante unos instantes, también. Los que no conocen a Bea, Pancho y Javi sencillamente no saben nada de la vida, de los buenos chicos, los malos y las femme fatale, del paradigma del ménage à troisni de los placeres estivales. Valientes infelices, fuera de aquí.

Yo sí los conozco, me sé hasta los diálogos, por eso hoy, envuelta en la vorágine nostálgica de los festivales y el último road trip a la playa con esas amigas del cole, recordando otras vísperas asfixiantes de agostos en Madrid y sintonías pegadizas en bicicleta, me he puesto a gritar desde el salón con la euforia de una groupie después de un coito de consolación con un bajista con mucha proyección¿Pero cómo no me habéis dicho que ponen Verano Azuuuul? Y mis hermanas, desgraciadas, jóvenes e inexpertas, me han mirado patidifusas sin entender el entusiasmo, la maravilla, la revolución. Lo han acusado a la resaca y obviado mis aspavientos por pura ineptitud, y lo peor de todo, con insumisión para someterse al maratón de Piraña, el marinero gordinflón y sus amigos veraneantes. Ahí me he quedado un buen rato arriesgando mi integridad física con el pelo mojado y el aire acondicionado, reteniéndolas mientras escudriñaba el tercer capítulo de la única temporada ante la atenta mirada de La Psicóloga y su secuaz en plena edad del pavo, no obstante, como aún tengo dudas de que hayan aprendido la lección y puedan reconocer como es debido un Verano Azul, aquí les dejo algunas pistas…

Calas “secretas”, Alicante 2014.

 

Verano azul es el que sabe a topicazos de la memoria sensorial, a gazpacho y tortilla de patata, a cervezas y sandía maridada con arena y sol. A Calipo de lima y calamares. Granizado de café y filetes empanados. Paraguayas y vino dulzón. Huele a paella y melocotones maduros. A alioli, cloro sobre su piel, jazmín despistado, gasolina de ninguna parte, sardinas a medias y brasas de carbón. A hogueras, fuegos artificiales, berberechos, adelfas venenosas y melón.

Existe para embadurnar su espalda de crema y que te hagan cosquillas mientras tarareas. Pegar mordiscos y picotear cerezas a deshoras. Para seducir copiosamente y esconder la indiscreción bajo unas gafas de sol. Hacerlo todo y no hacer nada. Contarse los lunares, enumerar los propósitos de ese año nuevo que perezosos y hedonistas sitúan en los cierres de septiembre, para brindar por las segundas oportunidades y cacarear ante las primeras veces, y para fabricar recuerdos que nos embriaguen hasta el nuevo solsticio, porque el verano azul está para eso, para recrearse.

Solo es verano azul si te dejas engatusar, si te abandonas al ritmo caribeño y una mañana escoges un libro y saboreas las últimas páginas en un paraíso de horizonte anaranjado con las manos llenas de sal. Si te escapas a un cine sin butacas, os hacéis fotos dormidos o desayunas de verdad. Si no puedes distinguir un martes de un jueves porque a las semanas las mecen las olas y tu único horario es el del chiringuito con las mejores cañas del paseo marítimo.

Pero también es azul si aparcas como Dios en el casco antiguo y el deleite de esa expo que tenías pendiente desde hace meses comienza antes de pisar suelo museístico, cuando las puertas se abren ante ti mostrando una entrada triunfal, despejada; una vida sin colas, sin turnos en la frutería, sin tener que reservar en tu nuevo restaurante favorito… El verano azul es para montar muebles sin instrucciones y entrar en el metro sin empujones. Y se vuelve celeste o celestial tanto si la marea te ha despertado de la siesta como si disfrutáis del dolce far niente despreocupados por las sábanas y el qué dirán los vecinos; si de junio a septiembre has olvidado para qué servía el pijama, los besos castos y los secretos inconfesables.

Lo tirarás por la borda si no vuelves a casa caminando deshecho sobre el asfalto mojado, créedme cuando os digo que no hay nada más refrescante que arrastrar las carcajadas de madrugada por las calles recién regadas, escuchar tintinear los hielos en una terraza desierta mientras un camarero cándido amontona las sillas y espera el fin de la cita mirando de reojo a tus camaradas.

Tampoco es verano azul si no descubres tu nueva regla de oro, si no te pierdes por la costa mientras escuchas por séptima vez el primer disco de Enrique Iglesias, discutes con tus amigas en modo drama queen on, y consigues llenar un maletón de 25 kilos con bikinis, vestidos tecnicolor, sandalias y aftersun. Si no asustas a tus coleguis con haber visto una medusa tentaculeando sobre el agua turquesa de alguna cala, y eso es campeón, defiende que tú descubriste ese oasis antes de que plantaran la primera palmera.

Miami

Miami

Y como te decía, no es verano azul si no te has dejado seducir por las primeras veces, la primera vez que coges carretera y manta con un puñado de buenas canciones y mejores amigos, la primera vez que tomas el sol en pelotas, que pruebas el helado de pitufo -un atentado contra la salud pública disfrazado de monstruo de las galletas y por lo que he podido investigar en peligro de extinción- ¿alguien se ha preguntado por qué sólo existe durante los meses de liviana rectitud y relax nacional?

Experimentarás las más incongruentes de las contradicciones, llegarán las tormentas de verano, con sus cortocircuitos eléctricos y fugaces: la primera vez que no le pones los cuernos, la primera vez que se los pones. Creerás que ya puedes montar tu bici sin ruedines, cuestionarlo todo, desafiarlos a todos, haces bien, rétales  hasta que los obstáculos te condecoren las rodillas con cicatrices, ya las recordarás cuando vuelvas, y empalmarás los gintonics con el maldito tinto de verano, sortearás la soledad con melancolía,  nadarás sin manguitos, y la llamarás por teléfono cuando el alcohol haya hecho su trabajo o no puedas quitarte su sonrisa de la cabeza, porque es lo único romántico que no ha desaparecido de estos nuevos y jodidos veranos 2.0 en los que no se escriben cartas ni se graban cassettes. Colarás la pelota, mira que te lo han avisado, no juegues aquí, pero la colarás.  Te rebelarás contra el toque de queda con tus vaqueros rotos porque lo prohibido en verano es aún más tentador y apetece, te sientes más fuerte que nunca con tu bronceado a base de Comodynes, puede que sea ese vestido sin sujetador,  y sin embargo, permitirás que te mutilen el corazón. 

Te entregarás, te dejarás llevar, ya lo creo que lo harás. Y soñarás con el próximo verano, con follar tanto como quieras y viajar tan lejos como puedas, a un destino exótico de cielos rosas especiados donde te hipnoticen sitares y no existan las obligaciones.

Haz el equipaje pero no lo olvides, lo más importante cabe en una lata azul de Nivea.

No está en Instagram. 

Alfonso Casas

Alfonso Casas es la pera.

 

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