A una silla se le llama silla

Y qué manera de perder las formas
y qué forma de perder las maneras.
Ya nada importa,
el mundo ya se acaba no quedará nada.
Disfrutemos de la última cena.

Qué bien que te pusiste en medio.

-Izal: Qué bien-

Es lunes a mediodía y me llama Lady Madrid con un arrebato de los suyos. “Que me voy a recoger las cosas a casa de éste” me dice. Ya le ha dado, me digo: “Pero ¿Qué ha pasado?” pregunto temiéndome lo peor. “No va y me dice que somos amigos, que nos estamos conociendo, compañeros de viaje o yo qué sé qué cojones. ¡Él y yo! ¡Que ya tiene treinta años!”, “¿Cómo que compañeros de viaje? Pero…” “Porque a una mesa, se le llama mesa, y a una silla, se le llama silla”. No sé por qué, pero cuanto no entiendo nada me cuesta interrumpir, y sigue. “Y a una cama, se le llama cama y a un árbol, se le llama árbol”. Continúa. “Y a un novio, se le llama novio”. Acabáramos.

No sé vosotros, pero conozco más parejas de no novios que han roto por mantener esta conversación que novios que hayan formalizado su relación después de sobrevivir a esa discusión. La tónica general consiste en el encabronamiento de ella porque él se escabulle; se escapa y utiliza eufemismos tan simplones con sus camaradas como el manido: “Es una amiga…” Una amiga que duerme en tu casa cuatro días a la semana, que te avisa del cumpleaños de tu madre a pesar de que aún no tiene el gusto –of course– y que sabe qué programa de tu lavadora es el corto, cosa que tú no porque aunque ya llevas tres años en ese apartamento inmundo de la Cava Baja, han pasado muchos meses desde que pusiste la última colada, y tú no lo sabes, pero han cerrado el chino donde comprabas aquel café deleznable al que te enganchaste cuando te instalaste y Pedro, aquel tío del quiosco con canas en las cejas al que le comprabas el MARCA, se jubiló hace semanas. Tú no lo sabes, desgraciado, malnacido, porque ella te lleva el Esquire a casa, las drogas con sacarina a la ducha y los cigarrillos a la cama. Y nada falta desde que ella llegó, y nada sobra desde que aterrizó. Tu amiga, esa a la que a ti te cuesta denominar pero a la que tus vecinos la saludan por su nombre.

“¿Compañera de viaje? ¿Eso no es de Hotel Marigold? Ni que llevarais 150 años juntos”. “150 años, no, pero seis meses sí, y el muy capullo es incapaz de verbalizar que tenemos una relación, ni siquiera por mí”. “Pero.. ¿Tú quieres que lo haga por ti?” le digo: “Y por eso le vas a chantajear con desvalijar ese zulo de La Latina de sujetadores y canciones de Kiko Veneno“, pienso para mí: “Para que diga lo que tú quieres oir”. “Por mí no, por los dos”. Y a raíz del “por los dos” se desata una retahíla de golpes de pecho en los que Lady Madrid enumera los sacrificios que ha hecho por El Desgraciado y toda una sarta de reproches; de mentiras que le pilló, jugarretas que le hizo y otras pamplinas que nunca le profirió. Y a él, que siempre se le dio bien escurrir el bulto -el de la amiga y todos los demás-, él que se ha escaqueado con más coña marinera que astucia y más piropos que solera, ha ido saltando tortuguitas como Mario Bros hasta esta mañana despistada de primavera en la que a Madrid se le han hinchado los cojones…

Y por eso de hoy no pasa, hoy hay lío.

Lo que El Desgraciado sospecha es que antes de que Lady Madrid coja carretera y manta, en ese picadero de la Cava Baja va a haber melodrama, y lo que todavía no sabe es que va a tragar con el romance por peteneras: porque lleva años enredada en sus manos, en su pelo, en su cabeza, y no puede más, no puede más, y debería estar cansado de sus manos, de su pelo , y sus rarezas, pero quiere más, él quiere más

Lo que Lady Madrid no está dispuesta a admitir es que acabará por no irse a ninguna parte: porque le dijiste que te irías pero llevas en su casa toda la vida; el sabe que no te irás, y tú no te irás. Y lo que no ha aprendido aún es que nunca satisface escuchar lo que has pedido oír: perdón, te quiero y tienes razón. De nada sirven.

Lo que El Desgraciado no se atreve a decir es que sí que la quiere pero aún no está enamorado. Que tampoco se folla a nadie más y que cada vez que todas esas chicas se quedan mirando a Lady Madrid por la calle se pregunta por qué demonios sigue con él.

Y lo que Lady Madrid no quiere digerir es que está loca por enamorarse, que si le das a elegir, se queda contigo y que a la puta silla la puedes llamar como te salga de los cojones, o sentarte en el suelo. boyhood-2014-1080p-bluray-x264-yify-mp4_009504443

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